A veces, la más mínima bobada te puede alegrar todo un día, las pequeñas muestras de amabilidad y cariño, los favores y cualquier frase esperanzadora. En efecto, lo alegran, te olvidas absolutamente de todo, lo que jode es cuando llega el momento en el que empiezas a recordar quién mierda eres y ahí se fastidia todo.
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